Durante toda mi vida, mi Nona Carmen tuvo un ritual: me regalaba un jazmín en cada evento importante, en cada paso significativo que daba. Yo los guardaba como pequeños tesoros.
Cuando ella se fue de este plano, encontré en una cajita el último jazmín que me dio, y se me ocurrió hacerlo un cuadro, que aún tengo en mi mesita de noche.
Entonces descubrí que el amor puede ser eterno si sabemos cómo guardarlo.
Esa conexión con la naturaleza es una herencia familiar. La encuentro en los recuerdos del jardín de mi madre y en la imagen de mi Nono buscándome en el aeropuerto con rosas recién cortadas de su jardín para darme la bienvenida.
Para mi familia, las flores nunca fueron solo adornos; han sido siempre una forma de decir "estoy aquí" y "te quiero".